Brake sintió un escalofrío de terror y rabia que le recorrió el rostro, mientras el impulso de matar se desvanecía y el dolor de la bala le atravesaba hasta el estómago. Intentó incorporarse, pero la debilidad le venció y se desplomó en el sofá, con los puños crispados en el aire. La sangre manaba de su herida, empapando su camisa y dificultando la visión de Harper.
Harper no soltó la pistola ni un segundo. Corrió a la cocina y cogió unos trapos limpios. Dejó el arma sobre la mesa del costado y