—Si se me da la gana puedo contratar a un caballo como contador.
—¿Un caballo como contador? —bufó Harper—. Qué bonito, Chris. Me siento muy halagada.
—Venga. Inténtalo. Será divertido —le dijo él con una sonrisa traviesa.
— ¿Así que me quieres contratar para que Wendy pueda vigilarme?
—En realidad, estaríamos tan liados que apenas nos veríamos las caras y Wendy tampoco tiene mucho tiempo para meter las narices en negocios ajenos.
Esa propuesta le resultaba muy tentadora a Harper, que le gustab