Aún en shock, Maia no podía creer lo que veía.
—Théo… ¿C-cómo? —Tartamudeó.
Pero todas las dudas no tuvieron espacio cuando él la abrazó fuertemente, sin dejar que dijera nada más.
—Estaba con saudade. —Dijo él.
La llenaba de besos, sin siquiera pedir permiso. No habían pasado ni tres días sin verse, pero el miedo de que ella desapareciera y nunca más pudiera encontrarla lo dejaba desesperado. Entrando en la habitación y cerrando la puerta, la tomó en brazos sin dejar que sus bocas se separaran