Un dolor agudo en su pecho hizo que mirara la pantalla del celular, para asegurarse de que aquel número al que había llamado pertenecía realmente al de Théo.
—Aló, ¿hay alguien ahí? —La voz femenina continuó.
Entonces, ya tomada por el dolor, Maia decidió continuar su martirio.
—¿Este es realmente el teléfono de Théo? —preguntó como una idiota, quizás pensando que estaba alucinando.
—Sí, conozco tu voz. —La mujer hablaba animada. —Tu nombre es Maia, ¿no es así?
—Sí, pero solo dedujiste eso porq