La cara del hombre temblaba de rabia; no entendía cómo su ex podía haber cambiado tanto en tan poco tiempo.
—Cómo cambiaste, Maia, ni pareces la misma persona, solo porque te casaste con ese ricachón de Théo Campos.
—¿Qué? —Se sorprendió al darse cuenta de que él sabía el nombre de su esposo.
—¿Qué pasa? ¿Pensaste que yo no iba a descubrir la identidad de tu nuevo marido? Si querías esconder una cosa así, deberías haberte casado con un hombre más discreto, no con alguien que tiene la cara estam