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Cuando despertó por la mañana, Maia se dio cuenta de que Théo ya no estaba en la cama. Escuchó el ruido de la ducha y presumió que él estaba bañándose. No tardó mucho; él salió de allí, del mismo modo que solía hacer, con la toalla envuelta en la cintura, dejando sus músculos a la vista. Por más que quisiera disimular, siempre terminaba admirando más de la cuenta.

—Buenos días, Maia. —Su voz era suave y no parecía estar de mal humor.

Lo cual le resultó extraño, ya que la noche anterior los dos
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Elda Marquezya esta chillando la viborita
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