Maia no sabía dónde esconder la cara de tanta vergüenza. Era verdad que había correspondido al beso, pero en el momento todo fue tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de razonar y tener noción de lo que estaba haciendo.
—Yo no hice nada de eso que dijiste. —respondió a la defensiva.
—Oh, ¿no? ¿Cómo te atreves a mentirme así, Maia? —Él se acercó. —Solo faltó que te derritieras en mis brazos. —Insinuó.
Viendo que Théo estaba provocándola, volvió a su razón, no podía dejar que él dominara aquella