En la empresa donde trabajaba, Théo estaba furioso por ver que Fábio no paraba de desternillarse de risa en su cara, después de escuchar todo lo que había pasado la noche anterior.
—Yo sabía que eso saldría mal, Dios mío, qué vergüenza pasaste. —Casi se atragantaba. —Más que feo, un hombre recién casado siendo recogido por la esposa en la casa de una chica de programa.
—¿Vas a dejar de reírte, o quieres que espere un poco más? —preguntó serio.
—Por favor, espera un poco más, no puedo dejar que