Me rio tocando sus costados con mis dedos, y ella salta riendo. “Deja de corromper a mi caballo, pequeña descarada”.
Ella me sonríe juguetonamente, apartando mis manos cuando intento hacerle cosquillas. “Él ahora es mi caballo”.
‘Tu caballo está aquí, nena’. Quería susurrarle eso al oído. En lugar de eso, entierro mi nariz en su cabello y respiro su aroma. “Tranquila, chica. Todavía tienes mucho que aprender antes de poder montarlo sola”. Ella hace un puchero y sigue acariciándolo. “Será mejor