“Shayla. ¿Quieres venir aquí, por favor?”, le pregunto por enésima vez y veo como ella sacude obstinadamente la cabeza, con los brazos cruzados sobre el pecho. “No hay nada que temer, te lo prometo”, asegurándole, pero ella sigue sacudiendo la cabeza y mirando con desconfianza a Casper, mi caballo blanco.
“No. No puedo, tengo miedo”, ella murmura, encogiéndose de hombros.
“Cariño, es solo para una sesión de fotos. Estaré justo al lado tuyo”, le aseguro, caminando hacia ella. Ella levanta su mi