Veinte minutos más tarde, la casa olía a comida casera. Cole entra en la cocina mientras su mujer prepara panqueques. La abraza por detrás y le besa el cuello. "Con lo bien que huele esta comida, me muero de ganas de comerte luego", le gruñe Cole al oído con hambre, haciéndola sonreír.
"Sshh, amor, los niños te van a escuchar", le susurra Shayla, mirándolo, y él iguala su sonrisa inclinándose hacia ella.
"Ni siquiera están aquí". Cole se ríe y la besa suavemente. Shayla rodea el cuello de su