Alejandra no esperaba verlo.
Habían pasado apenas unos días desde que su vida se había desmoronado —el trabajo, la estabilidad, la relación que creía perfecta—, y aunque intentaba convencerse de que ya había cerrado ese capítulo, la verdad era que el dolor seguía ahí, latente, silencioso.
Estaba saliendo de una pequeña cafetería cerca del edificio cuando escuchó su nombre.
—Alejandra.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Se giró lentamente y lo vio. El mismo rostro, la misma postura, incluso