La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del apartamento cuando Alejandra dejó el bolso sobre la mesa y se quitó los zapatos con lentitud. Sentía el cuerpo cansado, pero la mente aún más. Todo en su vida parecía haberse convertido en una cadena de preocupaciones silenciosas que no sabía cómo soltar.
Sebastián había llegado antes que ella. Estaba sentado en el sillón, con la chaqueta aún puesta, revisando algo en su tablet. No levantó la vista cuando ella entró.
—Llegas tarde —dijo, sin repr