Alejandra no durmió bien.
Pasó gran parte de la noche dando vueltas en la cama, consciente del cuerpo de Sebastián a su lado, del silencio cargado que se había instalado entre ambos desde que regresaron de la cena. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Valeria aparecía con claridad perturbadora: su sonrisa segura, su manera de hablarle a Sebastián, como si compartieran un idioma que Alejandra aún no comprendía.
Cuando el sol comenzó a filtrarse por la ventana, Alejandra ya estaba despiert