La primera mañana después de volver no tuvo nada de especial.
Y, al mismo tiempo…
lo tuvo todo.
Alejandra abrió los ojos lentamente.
Durante un segundo, no supo dónde estaba.
Pero entonces reconoció el techo.
Las cortinas.
El silencio.
El departamento.
Había vuelto.
Pero no como antes.
Se quedó acostada unos segundos más, con una mano sobre el abdomen.
Un gesto que ya no era inconsciente.
Ahora lo hacía sabiendo.
Sintiendo.
—Buenos días… —susurró apenas.
No sabía si lo decía para ella o para lo