La calma duró poco.
No porque algo pasara.
Sino porque nada pasaba.
Y eso…
empezó a pesar más de lo que cualquiera de los dos esperaba.
El departamento volvió a llenarse de rutinas.
De horarios.
De silencios.
Pero esta vez…
no eran los mismos.
Porque ahora había algo entre ellos que ninguno mencionaba.
Algo que crecía en el espacio que dejaban las palabras no dichas.
Sebastián salía temprano.
Como siempre.
Regresaba tarde.
También como siempre.
Pero había una diferencia.
Ahora avisaba.
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