Alejandra llegó al departamento de Iván con el corazón acelerado, pero no por nervios románticos.
Era otra cosa.
Cansancio.
Lucidez.
La sensación de estar caminando fuera de un ciclo que durante meses había girado siempre alrededor del mismo punto.
Iván abrió la puerta apenas ella tocó.
—Hola —dijo, observándola con atención—. Pasa.
No hubo preguntas inmediatas. No hubo miradas inquisitivas. Solo espacio.
Alejandra entró y dejó el abrigo sobre una silla. El departamento era sencillo, ordenado,