Sebastián volvió dos días antes de lo que había dicho.
Alejandra no lo supo por un mensaje ni por una llamada. Lo supo porque la puerta del departamento se abrió con ese sonido particular que ya reconocía incluso dormida. Un clic suave. La cerradura girando con calma. Sin prisa.
Estaba sentada en el sofá, con una manta sobre las piernas y el teléfono en la mano. No había dormido bien esa noche. Había algo en el aire que la mantenía alerta, como si su cuerpo se hubiera adelantado a él.
Cuando le