La reunión era una de esas obligaciones sociales que Sebastián no podía evitar.
Un salón elegante, luces cálidas, copas brillando y conversaciones que se mezclaban como un murmullo constante. Alejandra llegó unos minutos después que él. No porque quisiera hacerlo esperar, sino porque necesitaba tiempo para respirar antes de entrar a un lugar donde sabía que todo sería apariencia.
Sebastián la vio apenas cruzó la puerta.
Vestía un vestido sencillo, pero le quedaba de una forma que le resultó inc