Mundo ficciónIniciar sesiónEl día siguiente comenzó con un silencio incómodo. La lluvia había cesado, pero el cielo seguía gris, y el aire del departamento estaba cargado con la sensación de lo que había pasado la noche anterior. Alejandra permanecía en la sala, intentando concentrarse en los documentos que debía revisar, aunque su mente no podía dejar de pensar en Sebastián y en la cercanía inevitable que compartían.
Él apareció en la puerta de la sala, sosteniendo una taza de café. Al verla, sonrió levemente, sin decir nada, pero con una mirada que parecía leer cada pensamiento, cada nervio, cada tensión que ella trataba de ocultar. Alejandra sintió que su corazón se aceleraba y tuvo que cerrar los ojos un instante para recomponerse. —Buenos días —dijo él finalmente—. Tenemos que salir en media hora. Habrá una reunión con algunos contactos y debemos parecer esposos reales. Ella asintió, tragando saliva. No era solo una práctica: esta vez había gente externa, y cada gesto, cada roce, cada mirada tendría que parecer natural. La presión aumentaba y con ella la ansiedad que sentía cada vez que estaba cerca de Sebastián. Mientras se preparaban, Alejandra notó cómo él revisaba su reflejo en el espejo, ajustando la corbata y la chaqueta. No dijo nada, pero su mera presencia la hacía sentir expuesta. Cada vez que se cruzaban, sentía que la distancia entre ellos era demasiado corta, que su corazón latía fuera de control, y que cada gesto suyo podía delatarla. —Listos —dijo Sebastián, finalmente—. Recuerda, solo apariencia. Nada más. Durante el trayecto al lugar, la proximidad del auto los obligaba a estar cerca. Sus hombros se rozaban ligeramente, y cada movimiento suyo era un recordatorio de que la tensión entre ellos crecía con cada segundo. Alejandra intentaba mantener la compostura, respirando profundo, pero el calor que sentía en el pecho no disminuía. Cada mirada de Sebastián, aunque fugaz, parecía penetrar en su piel y desarmarla poco a poco. Al llegar, debían saludar a los contactos. Era una pequeña reunión informal, pero la atención de todos se centraba en ellos. Sebastián puso una mano ligera sobre la espalda de Alejandra para guiarla, y ella sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral. Intentó mantener la sonrisa, pero cada roce la hacía consciente de su vulnerabilidad y del efecto que él tenía sobre ella. Durante la tarde, mientras conversaban con otras personas, pequeños gestos aumentaban la tensión: Sebastián acercándose para susurrarle algo sobre la agenda. Alejandra ajustando su vestido y respirando hondo cada vez que su brazo rozaba el de él. Una silla demasiado cerca, un café que casi se derrama y Sebastián ayudándola a estabilizarlo, rozando sus manos nuevamente. Cada momento la mantenía en alerta, y aunque sabía que todo era por apariencia, su cuerpo no podía ignorar la atracción que sentía. No podía negar que se estaba acostumbrando demasiado rápido a su presencia, y eso la asustaba. Al volver al departamento, la tensión no disminuyó. Habían pasado horas juntos, y aunque el contrato dictaba reglas estrictas, la cercanía durante todo el día había dejado a Alejandra agotada emocionalmente. Cada vez que Sebastián se acercaba para ayudarla a descolgar la chaqueta, para traerle algo de beber, o incluso para revisar un documento juntos, ella sentía un calor imposible de ignorar, y su mente luchaba por recordar que nada de eso debía significar más de lo acordado. Esa noche, mientras se preparaban para dormir nuevamente en la misma habitación, Alejandra no pudo evitar pensar en lo difícil que sería mantener su corazón intacto. La cercanía obligada, los roces accidentales, la tensión romántica que se acumulaba cada día… todo eso prometía que los seis meses de contrato serían un desafío aún más intenso de lo que había imaginado. Mientras se recostaba y cerraba los ojos, Alejandra sabía que cada día con Sebastián la llevaría al límite: no solo debía mantener la apariencia, sino también controlar sus emociones, su cuerpo y los pensamientos que no podía evitar. Y aunque intentaba convencerse de que era solo un contrato, una parte de ella sabía que nada sería tan simple durante estos seis meses.






