—¿Qué pasa, cariño? ¿Por qué te has quedado callado? —preguntó Verónica, mirando con inquietud a su esposo—. Pareces como si hubieras visto un fantasma.
Y en cierto modo, así había sido. El apellido Sorocco le trajo consigo recuerdos oscuros del pasado, sombras que él creía haber enterrado para siempre y que deseaba no volver a enfrentar.
—¿De verdad no lo recuerdas? ¿No te suena ese nombre? —preguntó finalmente Marcelo, con la voz algo más tensa.
Verónica frunció el ceño, intentando conectar l