Tres días habían pasado desde que Elena desveló el rostro en el retrato y descubrió más secretos en el despacho de Giovanni. Ahora él estaba sentado en su oficina, frente al imponente escritorio, concentrado mientras revisaba una pila de documentos.
Unos golpes suaves resonaron en la puerta, apenas un murmullo en la calma del lugar. Giovanni levantó la mirada por un breve instante, lo justo para ordenar que entraran. Era Bellini, caminó con pasos silenciosos hasta quedar a una distancia prudent