Esa tarde Dante le dijo el nombre.
No en el cuartel, no con Marcos presente. En el despacho de la mansión, con la puerta cerrada y los informes sobre la mesa y Valentina frente a él con esa atención suya que no necesitaba preparación.
—Isabel —dijo. Solo eso.
Valentina no reaccionó de inmediato. Lo miró un momento, procesando, y luego asintió despacio como alguien que acaba de confirmar algo que ya había calculado por su cuenta.
—¿Tu ex? —dijo.
—Sí.
—¿Cuándo lo confirmaste?
—Anoche. La firma en