Amara jamás imaginó que sus palabras, aquellas que había guardado en lo más profundo de su pecho, pudieran provocar en él una reacción tan explosiva.
Cuando Liam la escuchó pedirle matrimonio, lo primero que apareció en su rostro fue sorpresa… una sorpresa tan genuina que por un pequeño instante Amara creyó que aquel hombre al que había amado por años quizá—solo quizá—podía considerarlo.
Pero la ilusión duró menos que un suspiro.
La sorpresa se desfiguró, convirtiéndose en una tormenta. Rabia. D