—¡Es mi hijo, Sídney!
La voz de Travis resonó con una mezcla de furia y desesperación. Sídney retrocedió un paso, como si aquellas palabras fueran un golpe directo al pecho.
Sentía el miedo latir en su garganta, una presión densa, fría.
—Contesta, ¡¿me ocultaste a otro hijo?! ¿Tres años, Sídney? —su tono era casi un rugido.
Sídney tragó saliva. El mundo se cerraba frente a ella.
Las paredes del hospital parecían acercarse, sofocándola.
Esto sería el triunfo de Leslie, pensó. Si Travis creía aqu