Travis observó la escena desde la penumbra del salón con el estómago hecho un nudo.
La rabia le quemaba las venas, pero también sentía un filo de temor que no sabía nombrar; ver a su exesposa sentada frente a ese hombre —un tipo con fama de depravado y sin escrúpulos— le producía una mezcla de furia y vértigo.
No soportaba la idea de que la miraran así, de que la conversación entre ambos tuviera esa familiaridad que a él le arañaba el orgullo.
Sídney, impasible, llevó la conversación por el ter