Amelia entró a su habitación sintiéndose completamente agotada, arrastrando los pies con pereza. Sentía que la cabeza le dolía con una pulsación constante justo detrás de los ojos, y todavía tenía el cuerpo erizado por lo que había pasado en la oficina. Con movimientos suaves y pausados, se desabrochó el traje ejecutivo y se quitó la ropa, dispuesta a encerrarse en el baño para tomar una ducha de agua caliente que relajara sus músculos tensos, pero sus planes se vieron interrumpidos de golpe. E