Amelia se acostó en la cama completamente exhausta, acomodando su cuerpo entre las sábanas con la firme creencia de que al fin podría descansar de un día tan caótico. Cerró los ojos con fuerza, dejando escapar un largo suspiro y deseando hundirse lo más rápido posible en un sueño profundo que borrara las tensiones acumuladas en su mente. Sin embargo, la tranquilidad le duró muy poco. No pasaron ni cinco minutos cuando una extraña incomodidad la perturbó; comenzó a sentirse observada de una mane