CAPÍTULO — Teresa
Betina llegó a casa con Ignacio y Carolina. Mauro no había ido, porque ella no lo quería ahí .Mientras él estuvo con su hija, fueron contadas con los dedos de una mano las veces que Mauro había entrado a su hogar, y se lo dijo en la cara.
Ignacio vio la cara de Mauro, desesperado por meterse en esa casa,en la vida de las Fontes.
—Yo no lo quiero acá —dijo Betina, firme.
Y Caro le agradeció en silencio porque no lo soportaba pero todavía no sabía cómo seguir.Necesitaba comunicarse con ese hombre.
Teresa llevaba más de una hora sentada en la mesa de la cocina con el rosario entre los dedos. No rezaba de corrido. Decía una oración, se quedaba en silencio, volvía a empezar, se equivocaba, retomaba. Como si estuviera hablando con alguien que no terminaba de escucharla.
La casa estaba en silencio. Demasiado silencio.
—Virgencita… —murmuró—. Ayudame a entender qué le pasó a mi hija.
No era la primera vez que pensaba eso. Pero esa noche la pregunta pesaba dist