CAPÍTULO 67 — El alta
Carolina esa madrugada había soñado con Gabriel varias veces. Lo había besado. Había visto sus ojos, esos ojos verdes que tenía guardados en la memoria como si fueran un recuerdo prestado. Despertó con una opresión en el pecho que no supo cómo explicar.
Lo quería cerca. Pero también lo quería lejos.
No se despertó porque algo la hubiera sacado del sueño, sino porque el cuerpo ya estaba acostumbrado a no dormir profundamente. Abrió los ojos por reflejo y, como siempre,