—Yo… no, mi amor, Kristal, solo te amo a ti —dijo Alonzo
Su voz temblaba con una mezcla de desesperación, pero Kristal lo empujó bruscamente, apartándose de él.
El aire, tenso y cargado, se llenó de un silencio que apenas se podía soportar.
Kristal, con las lágrimas rodando por su rostro, lo miró fijamente.
La rabia, la traición y la inseguridad se reflejaban en sus ojos mientras su respiración se entrecortaba.
—¿Por qué dijiste su nombre?
Alonzo intentó acercarse a ella, pero no pudo evitar el