Alonzo sintió una rabia tan intensa que parecía recorrerle las venas como fuego, quemándole la piel desde adentro.
Era una sensación extraña, una que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. Había algo visceral en la forma en que la furia lo arrastraba, como si su cuerpo se negara ante lo que estaba ocurriendo frente a él.
Con pasos firmes, como si su ser entero estuviera fuera de control, avanzó hacia ellos.
—¡Suelta a Roma! —gritó, su voz retumbando en el aire, llena de desesperación y furia