—¿Por qué verás a esa mujer? No me gusta la idea, amor —dijo Giancarlo.
—Amor, creo que puedo sacar algo de ella.
Giancarlo temía lo peor, la abrazó.
—Pero, no irás sola, enviaré a gente a tu lado y yo también iré.
Roma sonriò asintió.
—Amor envía a quien quieras, pero tú no, porque te será muy sospechosa la cantidad de veces que ya nos han visto juntos, falta poco para la boda, para que todos sepan que ahora seremos marido y mujer.
Giancarlo estaba pensativo, pero al final cedió.
—Pero, ten cu