El sonido de la ambulancia rompía la quietud de la noche, su sirena aullaba como una advertencia de tragedia inminente.
En su interior, Kristal retorcía el rostro en un gesto de puro dolor, su respiración entrecortada se mezclaba con sollozos ahogados.
Sentía su cuerpo romperse, como si la vida misma estuviera arrancándole algo con una crueldad desmedida.
En el hospital.
Al llegar al hospital, un equipo de médicos y enfermeras la recibió con la urgencia de quien sabe que el tiempo es un lujo que