—Eres una maldita… Lo pagarás, ¡lo pagarás caro! —La voz de Beth se quebró, llena de rabia, mientras sus ojos destilaban furia.
Andrea no dijo nada, pero un brillo de desafío se reflejaba en su mirada.
—Ya verás quién ganará, Beth —Andrea dejó escapar una risa amarga—. Eso te pasa por ponerte por encima de tu lugar. ¡Perra!
Andrea soltó una carcajada mientras un hombre se acercaba y la ataba con fuerza. La violencia con la que lo hacía no era más que una extensión de su desprecio.
—Ya saben lo q