Roma y Giancarlo regresaron al hospital, todavía con la tensión de los eventos recientes pesando sobre ellos como un manto oscuro.
Apenas pusieron un pie dentro, un médico se acercó con una expresión grave y ellos pidieron las noticias.
—Lamentablemente, la bala causó un daño irreversible en la médula espinal del señor Wang —anunció con voz solemne—. No volverá a tener movilidad en sus extremidades inferiores.
El mundo de Roma pareció detenerse.
Sintió un nudo en el estómago, como si le hubieran