59. Asistente ejecutiva
POV SABINE DUPONT
—¡Maldito Lefevre! —escupí entre dientes, apenas mi tío Antonio pronunció su nombre con ese aire solemne, anunciándome un favor divino que no pedí ni deseaba.
«Trabajarás con él», exclamó en medio del desayuno.
Una sola frase bastó para obligarme a que me coloque de nuevo la máscara de obediencia que había llevado toda mi vida.
No me quedó más remedio que sonreír.
Sonreír, fingir agrado, aparentar gratitud.
La hipocresía era un traje que había aprendido a usar con ele