20. Una condena dulce
POV ALESSANDRO BALESTRI
No niego que desde aquel día, cuando tuve a Irene, tan cerca, sobre mi cuerpo, un fuego indomable se encendió en mi interior, uno que antes sabía contener con disciplina y que ahora es difícil mantener bajo control.
Irene es, para mí, un enigma insondable.
He visto en sus ojos: una esencia distinta, un fulgor que escapa a lo común. Y aunque no me atrevo a llamar a esto amor, reconozco que ella despertó en mí un deseo visceral, tan natural como inevitable. ¿Qué homb