Maite se fue sin mirar atrás, sin darle el perdón que Marcos necesitaba. Caminaba por las calles abrazada a sí misma; gruesas lágrimas rodaban de sus mejillas, no hacía por limpiarlas, dejaba que el viento las secara.
Se suponía que debía sentirse satisfecha, llena por lo sucedido, porque al fin Marcos iba a pagar todo el daño que le hizo, porque después de muchos años lo veía derrotado y suplicando perdón. No obstante, se sentía vacía, destrozada por lo sucedido.
Amó a ese hombre como en su v