CELOS.
—Ya vuelvo —dijo Alex mientras se levantaba y seguía a Clarisa. Antes de que ella saliera de la casa, la agarró del brazo y la recostó contra la pared—. ¿Quién diría que te encontraría aquí? —Ella le miró enojada. Con esfuerzo, sacudió sus brazos y trató de zafarse del agarre.
—Suéltame, no te conozco y no sé por qué estás aquí.
—Bueno, como puedes ver, soy hermano de la esposa de tu jefe —Clarisa abrió un poco la boca y luego la cerró, más cuando Alex agarró su dedo y preguntó—. Fue este, ¿cier