— Pues lo has hecho de maravilla, hermano. Me voy una semana a Roma y cuando regreso resulta que has perdido a nuestra mujer— farfulló Sander, tamborileando nerviosamente con sus dedos sobre la madera de la mesa y mirando a su hermano con expresión fiera.
— No he perdido a nadie. Sé perfectamente dónde está.
— Instalada en su apartamento en la ciudad, a kilómetros de aquí. ¿Vas a contarme qué demonios hiciste? Cuando me fui Caty estaba feliz, ¡y ahora que regreso ni siquiera quiere verme!
Sandr