Mientras Caty despedía a sus alumnos al día siguiente, se sintió más miserable que nunca. Por doquier había niños y niñas riendo, padres sonrientes, alegría... Parecía que todo el mundo tenía a alguien esperándolo. Como siempre, ella no tenía a nadie.
Los ojos se le llenaron de lágrimas y tuvo que parpadear varias veces para impedir que le cayeran por las mejillas. Nunca le había molestado ver a los padres recoger a sus hijos a la salida de la escuela. Supuso, que su embarazo simplemente la est