Ella estaba boquiabierta allí, mirándolo como si él tuviera dos cabezas, y Alessander no pudo evitar sonreír.
— ¿Sucede algo, Catalina?— interrogó, mirándola por encima de su hombro.
Ella dió un paso atrás, y tragó en seco. — Yo...venía porque...yo ...— balbuceó incoherentemente.
Sander agarró un delantal negro, de nailon, y se lo colocó. Acercándose a ella, mientras se secaba las manos en un trapo.
— ¿Se te ha olvidado lo que querías o verme desnudo te ha puesto incoherente?
El