— Pido disculpas… —dijo, el Señor D'mario, mirando a Alessandro con evidente nerviosismo —. Comprenda que es natural que esté inquieto. Catalina no es una mala chica, de hecho, nunca nos dió problemas a su madre y a mí, sin embargo no es la mujer con la que usted deseaba casarse realmente.
Alessandro guardó silencio, queriendo ver a dónde quería llegar su suegro.
— Pero no puedo decirle que no eligió el mejor reemplazo posible, sin dudas Catalina es la chica lista de la familia. Estoy conven