Alessandro echó un vistazo a la puerta de nuevo.
Algo estaba incomodando a su pastelito. Estaba satisfecho, ella ya había demostrado que era mucho más aventurera de lo que él había imaginado.
Dejó el table de lado y quitó la tetera, sirviendo una tasa de agua caliente a la que le agregó una bolsita de té.
Catalina era una caja de sorpresas, metida dentro de un cuerpazo de amazona diseñado para satisfacerlo. ¡Demonios!
Él siempre había creído que prefería las mujeres delgadas y de poco busto,