Ella abrió la boca, se mordió el labio y parpadeó varias veces. Mientras él se inclinaba para besarla, ella forzó una carcajada, sacudió la cabeza y se apartó, mirándolo desde encima de su hombro.
— No juegues conmigo, Alessandro. Sé muy bien lo horrenda que soy. No tienes que...
— Shhh... Lo había notado antes y veo que sí. Tienes serios problemas de autoestima, pastelito. Pero no miento. Eres deliciosa.
Bajó su cabeza, enjaulando uno de sus duros pezones en su boca y luego lo pellizcó con s