96. La vulnerabilidad de Valdimir
El ambiente del invernadero, antes cálido y acogedor, pareció enfriarse de repente con las palabras de pronto iba a decir Valdimir. Su voz, teñida de una melancolía apenas perceptible, hizo eco en el espacio cuando él dijo:
—A ella le gustaba este tipo de cosas, la vida, las flores... —musitó, con su mirada perdida entre las plantas, como si intentara vislumbrar algo más allá de ellas.
Aelina se giró para observarlo, notando el sutil cambio en su expresión. Los ojos de Valdimir, usualmente agudo