95. Flores bajo la luna
Cuando concluyeron la cena, tal como había prometido Aelina, no probó ni una gota de vino, rehusándose a nublar sus sentidos con el alcohol porque ya sabía lo que podía ocurrir si lo hacía. Ahora, bajo la tenue luz de la luna que se colaba por los ventanales, ambos caminaban con paso tranquilo por los silenciosos pasillos del palacio, rumbo al invernadero que Valdimir había mencionado pertenecía a su madre.
A medida que avanzaban, Aelina no podía evitar sentir una creciente inquietud ante el sep