65. Un espejo que no es normal
—Regresa eso a su lugar —la advertencia Valdimir sonó baja y amenazante como el gruñido de un lobo furioso. Sus ojos, ahora del color del ámbar fundido, brillaban de una forma que hubiese matado del miedo al soldado mas valiente de su regimiento.
Aelina, con el corazón latiendo como un tambor de guerra en su pecho, fingió inocencia. Sus dedos, delicados pero firmes, acariciaron la superficie del espejo mientras lo examinaba con fingida curiosidad.
—¿Qué es esto? Oh, es un espejo... —murmuró haci