64. La Reina que le gusta jugar con fuego
—Sí, me refiero a eso, mi collar—declaró Aelina, con su voz apenas en un susurro mientras estaba ahí frente a Valdimir.
Con pasos cautelosos, se acercó al Rey Lobo con su mano extendida temblorosamente hacia el reloj que él sostenía. Sin embargo, Valdimir, con un movimiento fluido y deliberado, alzó su mano, mientras sus dedos largos y elegantes formaban una barrera imposible de quitar. Los ojos azulados de Aelina se encendieron con una mezcla de frustración al ver que ese hombre lobo solo pare